Venza las desilusiones
Dios cambiará para bien sus desilusiones, tomará las cicatrices y las hará como unas estrellas para su gloria.
Una de las claves más importantes para vivir su mejor vida ahora, así como para progresar hacia el futuro que Dios tiene para usted, es aprender a sobreponerse a las desilusiones de la vida.
Como las desilusiones pueden representar obstáculos tan imponentes al momento de dejar atrás el pasado, debe asegurarse de que usted ha tratado con esta área antes de tomar el siguiente paso para vivir a su máximo potencial.
Seamos honestos: todos enfrentamos la desilusión de vez en cuando. No importa cuánta fe tenga o qué buena persona sea, tarde o temprano, algo –¡o alguien!– sacudirá su fe hasta sus fundamentos. Puede que sea algo sencillo, como no recibir un ascenso que verdaderamente deseaba, no lograr concluir una venta grande que hacía tiempo organizaba, no obtener el préstamo para comprar la casa de sus sueños.
O, quizá sea algo más serio: una relación matrimonial que se deshace, la muerte de un ser querido, una enfermedad incurable y debilitante.
Cualquiera que sea, esa desilusión contiene, potencialmente, la habilidad de desviarlo y destruir su fe. Por eso es tan importan que usted sepa reconocer, desde ahora, que las desilusiones llegarán, y que tiene que aprender a mantenerse sobre el camino y tratar con ellas cuando lleguen.
Muy seguido, vencer las desilusiones y soltar el pasado son dos lados de la misma moneda, especialmente cuando usted está desilusionado consigo mismo. Cuando haga algo equivocado, no lo guarde ni se castigue por ello, sino reconózcalo, pida perdón y siga adelante. Sea pronto para soltar sus errores y fracasos, sus heridas, su dolor y sus pecados.
Sin embargo, las desilusiones que nos afectan más, usualmente son las que son provocadas por otras personas. Muchos de los individuos que han sido heridos por los demás se pierden en sus nuevos comienzos, porque siguen abriendo las antiguas heridas, cuando lo que necesitamos hacer es soltar y dejar atrás aquello, sin importar lo que fue, sin importar qué injusto fue ni cuánta desilusión sienten.
Una persona pudo haberse marchado; alguien pudo haberle hecho un gran daño; quizá usted oró fervientemente que se salvara la vida de un ser querido y, sin embargo, murió.
Deje eso con Dios y siga adelante con su vida, la Biblia dice que “las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios” (Deuteronomio 29:29). Déjelas allí.
La desilusión casi siempre acompaña una contrariedad. Claro que experimentará emociones muy fuertes al sufrir una pérdida. Nadie espera que sea una roca impenetrable o una isla inaccesible en el mar, y ni Dios espera que sea tan duro que sencillamente ignore las desilusiones de la vida, que se las sacude como si fuera imposible ser afectado por el dolor.
No, cuando experimentamos fracaso o pérdida, es natural sentir tristeza o remordimiento, así nos creó Dios. Si usted pierde su trabajo, lo más probable es que experimentará un sentir muy fuerte de desilusión. Si pasa por el rompimiento de una relación, eso le causará dolor.
Si ha perdido en algún momento a un ser querido, hay un tiempo para el luto, un tiempo de tristeza. Eso es normal y debe ser esperado.
Pero si todavía está de luto y siente tristeza por una desilusión que sucedió hace un año o más, ¡algo no está bien! Usted está estorbando su futuro, y tiene que tomar la decisión que seguirá adelante. No sucederá automáticamente, tendrá que levantarse y decir: “No me importa cuán difícil sea esto, no me importa qué desilusionado esté, no permitiré que esto me gane, seguiré adelante con mi vida”.
Al enemigo le fascina engañarnos hasta el punto de tenernos sumidos en la autocompasión, la preocupación o el resentimiento. “¿Por qué me pasó esto? Dios no me ama. No contesta mis oraciones. ¿Por qué se dieron así las cosas en mi vida?”
No puede separar huevos revueltos
Deje de desperdiciar su tiempo tratando de entender algo que no puede cambiar. No puede separar huevos revueltos; lo que pasó, pasó. Deje que el pasado sea pasado, y siga adelante; así que si sufrió contrariedades, no recibió lo que había pedido en oración, o las cosas no salieron como esperaba, amigo, no está solo. Muchas personas muy buenas y de buen nombre han experimentado algo similar.
No se deje atrapar por el pasado
La Biblia dice que las misericordias de Dios son nuevas y frescas cada día. Dios sabe que cometeremos errores, sabe que no somos perfectos, así que Él nos da misericordia y gracia nueva y fresca cada día. Dios nos condona nuestro pecado, no ignora cuando hacemos algo malo, pero Dios tampoco nos condena automáticamente. La Biblia dice que “El Señor (...) es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).
Si desea evitar ser atrapado en su pasado, tiene que aprender a perdonarse a sí mismo. Tiene que estar dispuesto a aceptar la misericordia de Dios, no puede criticarse tanto que no pueda recibir lo que Dios le ofrece.
Dios quiere hacer más de lo que puede pensar o pedir para usted también. Él desea restaurarle lo bueno en abundancia, y si se enfoca en las cosas correctas, Dios tomará lo que para usted es su peor pesadilla, y lo cambiará en su sueño más bello.
Dios no cambiará la voluntad de una persona
Él le ha dado a cada ser humano libre albedrío para escoger el camino que quiera seguir, malo o bueno. En ocasiones, y sin importar cuánto oremos o cuánto tiempo nos mantengamos confiando con fe, las cosas no se darán como nosotros esperábamos.
Cuando Dios permite que una puerta se cierre, Él abrirá otra puerta para usted; revelará algo mejor y mayor. La Biblia dice que Dios tomará lo malo que el enemigo trae a nuestra vida, y si mantenemos la actitud correcta, lo usará para nuestro bien.
Pero tiene que entender que para experimentar todo eso bueno en su futuro, que tiene que estar dispuesto a soltar el pasado.
No puede poner un signo de interrogación donde Dios ha puesto un punto
Evite la tendencia a pensar en lo que pudo haber hecho, o cuál carrera debió haber ejercido o aquella persona con la que quisiera haberse casado.
Deje de vivir con una mentalidad negativa, pensando en lo que ya terminó y se acabó, y vea lo que sí puede cambiar, en lugar de ver lo que no puede cambiar. No permita que el remordimiento por el pasado destruya las esperanzas y los sueños del mañana.
La Biblia nos enseña que debemos vivir al máximo cada día. El ayer ya se fue; mañana quizá no llegue; tiene que vivir para hoy.
Comience justo donde se encuentra, no puede hacer nada respecto a lo que ya se fue, pero puede hacer mucho respecto a lo que queda por delante.
Tomado del libro: Su mejor vida ahora Por Joel Osteen Editorial Casa Creación.
Hay días en los que parece que nos levantamos con el pie izquierdo. No sé qué tiene que ver el pie con el día, pero lo cierto es que a veces nos predisponemos a tener problemas.
Esperamos que el día sea problemático, proyectamos sobre los otros nuestros propios fantasmas y nuestros malos presagios... y al final termina siendo un mal día. Pero no es por culpa de los astros, ni de los otros... nosotros mismos pusimos la semilla de lo que queríamos evitar.
Entonces, cuando decimos "buen día", lo que estamos haciendo es desear un "buen día". Primero a nosotros mismos, y después a los demás.
Un buen día incluye alegrías y broncas, problemas y algunos momentos felices. Un buen día no depende exclusivamente del gobierno, ni de nuestra familia, ni del jefe, ni de nuestros clientes. Nosotros decidimos tener un buen día, y si hoy no lo fue, nos proponemos que sea mejor y mejor mañana. Si tenés una Biblia -en casi todas las casas hay alguna, aunque no la leamos hace mucho- en el libro de "Números" capítulo 11, versículo 22, hay una oración-poema ideal para empezar o terminar el día.
¿Para qué vivimos...?
¿Para juntar plata? ¿Para ser autómatas que se levantan todos los días a trabajar para poder comer, y comemos para poder trabajar, y así hasta que nos morimos?
¿Vivimos solamente para pasar unos años, con algunos momentos de felicidad y chau?
Seguramente no es ése nuestro destino. Tiene que haber algo más; esto lo intuyen hasta los que no creen en nada.
Tiene que haber algo más, y esa es la gran esperanza de los que creemos en Dios. Fuera de cualquier religión y de cualquier iglesia, nos moviliza la esperanza de una vida mejor, diferente de ésta, sin las limitaciones que tenemos acá, y con un cuerpo que no se arruine, que no se marchite, rodeados de nuestros seres queridos. No tocando el arpa, no en medio de una nube difusa, sino una vida de verdad...
Es cierto que no lo podemos demostrar. Tampoco puede nadie demostrar que estamos equivocados.
Y yo prefiero creerlo, y empezar a disfrutarlo ahora, hoy, acá. Es la esperanza que nos sostiene, a millones de habitantes de la Tierra, cuando todo parece venirse abajo.